Joaquín Guillén
Esta edición de Sembrar comenzó a gestarse antes de la promulgación de la ley de matrimonio igualitario, y si bien el tema ya estaba instalado en los medios masivos de comunicación, las voces que se multiplicaban con sus respectivos actores sociales saliendo a la luz, nos impulsaron a tratarlo.
En este numero se tratan muchísimos puntos relacionados a la unión civil citada, ya sea, la propia elección sexual, los derechos sociales -y humanos- adquiridos, la posibilidad de adoptar como pareja, las discuciones hacia adentro de instituciones ancestralemente conservadoras ante la posibilidad de la ley, la idea de familia, de lo natural, de lo normal, de lo que no quiere serlo, o la misma idea de igualidad interpelada y manoseada continuamente.
Desde acá celebramos esta ley que nos hace reconciliarnos un rato, al menos, con esta sociedad nuestra, y, creemos, que es un punto de partida interesante para tratar tantísimos otros temas que diferentes fuerzas sociales en el país vienen impulsando.
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domingo, 7 de noviembre de 2010
Un fueguito de justicia
Norberto Alfaro
Cuántas fueron las veces en que lo que nos parecía injusto, fue motivo para que nos pusiéramos a escribir, buscando de alguna forma dejar nuestro parecer, nuestra rabia, y desahogarnos. Esta vez, las palabras que acá descansan, vienen del lado de la conquista de un derecho. Porque un 15 de julio de 2010 en nuestro país, una nueva ley nacía y hacia, de alguna forma, justicia, con un sector de nuestra sociedad que durante años vivió siendo discriminado desde lo cultural, desde la intolerancia y desde lo civil.
Me parece importante remarcar, que detrás de la decisión del Senado, hay toda una historia de luchas, de reclamos, y de organización, que tiene que ver con un trabajo silencioso, sin divulgación, que encontró en la exposición, el momento apto para dar pasos firmes y convertir la esperanza en ley. No sólo fueron los tres años de campaña de la comunidad gay lésbica. Las luchas individuales en distintos rincones del territorio, también son parte de este resultado. Ellos también, hoy pueden decir que viven en un país donde una ley establece que parejas del mismo sexo pueden casarse en las mismas condiciones que una pareja heterosexual. Y qué digno es hablar de igualdad, en épocas de tanta injusticia por cambiar.
Este logro, es una luz, o un fueguito, que nos debe servir de ejemplo, para seguir continuando con las próximas luchas que han de venir. Quizás, sea un buen momento para decir y celebrar, que hoy, gracias a una lucha que el movimiento social no abandonó, tenemos una sociedad un poco más justa.
Cuántas fueron las veces en que lo que nos parecía injusto, fue motivo para que nos pusiéramos a escribir, buscando de alguna forma dejar nuestro parecer, nuestra rabia, y desahogarnos. Esta vez, las palabras que acá descansan, vienen del lado de la conquista de un derecho. Porque un 15 de julio de 2010 en nuestro país, una nueva ley nacía y hacia, de alguna forma, justicia, con un sector de nuestra sociedad que durante años vivió siendo discriminado desde lo cultural, desde la intolerancia y desde lo civil.
Me parece importante remarcar, que detrás de la decisión del Senado, hay toda una historia de luchas, de reclamos, y de organización, que tiene que ver con un trabajo silencioso, sin divulgación, que encontró en la exposición, el momento apto para dar pasos firmes y convertir la esperanza en ley. No sólo fueron los tres años de campaña de la comunidad gay lésbica. Las luchas individuales en distintos rincones del territorio, también son parte de este resultado. Ellos también, hoy pueden decir que viven en un país donde una ley establece que parejas del mismo sexo pueden casarse en las mismas condiciones que una pareja heterosexual. Y qué digno es hablar de igualdad, en épocas de tanta injusticia por cambiar.
Este logro, es una luz, o un fueguito, que nos debe servir de ejemplo, para seguir continuando con las próximas luchas que han de venir. Quizás, sea un buen momento para decir y celebrar, que hoy, gracias a una lucha que el movimiento social no abandonó, tenemos una sociedad un poco más justa.
Cinco años atrás
Nadia Paolino
...me hubiese preguntado si era temporal, o si era posible de cambiar; pasan tantas ideas por la mente de un chico de 12 años. Cuando la persona que creció con vos te da una idea totalmente diferente de lo que pensabas que sentía y quería de su vida, te das cuenta que los encierros no eran tardes de música, las largas caminatas solitarias tampoco. La imagen de esa persona se desfiguró por completo cuando entendí lo que estaba sufriendo en realidad, cuando me dijo que nadie más que yo podía saber su secreto. ¿Podría ser feliz, sería aceptado, podría formar una familia, mostrarse a los demás tal cual era?. Por momentos sentía como ése si fuese mi propio dilema, y ya no eran encierros y caminatas solitarias, éramos dos, fui su compañía, lo entendí, lloró, lloramos juntos, conversamos, volvió a llorar, lo abracé y le dije que siempre iba a estar para él, que nunca iba a estar solo, más allá del rechazo de los demás, de las burlas, de las etiquetas de la sociedad con sus estereotipos, lo importante era que el mismo se acepte y sea feliz. Y así se terminaron los susurros, los secretos, dejó de hablarme en voz baja, dejamos los códigos, las mentiras a los demás. Se lo veía pleno, su persona en toda su esencia, lo rodeaban personas que disfrutaban al igual que antes de él, no lloró, no lloré, no lloramos más. Un día volvieron las preguntas, que nunca iban a ser contestadas, al aceptarse reconoció que aunque su persona lo haga, el resto no estaba preparado para sus decisiones, se borraban las esperanzas de soñar con cosas simples que cualquiera podría hacer. Su mundo se volvió a cerrar, el arco iris perdió su color, tuvo que gritar y pelear para que lo escuchen, insistir para que lo acepten. Pero no era el único que luchaba por tener los mismos derechos. Hoy con sólo un "SÍ", se forma un arco iris que abre las puertas a la aceptación, con miles de sonrisas dispuestas a construir un futuro igualitario... no tiene nombre la felicidad que puede generarte ver a esa persona que querés siendo él mismo, dejando el rechazo atrás, lleno de vida, proyectándose en un futuro en el que nada ni nadie pueda interferir en su decisión.
...me hubiese preguntado si era temporal, o si era posible de cambiar; pasan tantas ideas por la mente de un chico de 12 años. Cuando la persona que creció con vos te da una idea totalmente diferente de lo que pensabas que sentía y quería de su vida, te das cuenta que los encierros no eran tardes de música, las largas caminatas solitarias tampoco. La imagen de esa persona se desfiguró por completo cuando entendí lo que estaba sufriendo en realidad, cuando me dijo que nadie más que yo podía saber su secreto. ¿Podría ser feliz, sería aceptado, podría formar una familia, mostrarse a los demás tal cual era?. Por momentos sentía como ése si fuese mi propio dilema, y ya no eran encierros y caminatas solitarias, éramos dos, fui su compañía, lo entendí, lloró, lloramos juntos, conversamos, volvió a llorar, lo abracé y le dije que siempre iba a estar para él, que nunca iba a estar solo, más allá del rechazo de los demás, de las burlas, de las etiquetas de la sociedad con sus estereotipos, lo importante era que el mismo se acepte y sea feliz. Y así se terminaron los susurros, los secretos, dejó de hablarme en voz baja, dejamos los códigos, las mentiras a los demás. Se lo veía pleno, su persona en toda su esencia, lo rodeaban personas que disfrutaban al igual que antes de él, no lloró, no lloré, no lloramos más. Un día volvieron las preguntas, que nunca iban a ser contestadas, al aceptarse reconoció que aunque su persona lo haga, el resto no estaba preparado para sus decisiones, se borraban las esperanzas de soñar con cosas simples que cualquiera podría hacer. Su mundo se volvió a cerrar, el arco iris perdió su color, tuvo que gritar y pelear para que lo escuchen, insistir para que lo acepten. Pero no era el único que luchaba por tener los mismos derechos. Hoy con sólo un "SÍ", se forma un arco iris que abre las puertas a la aceptación, con miles de sonrisas dispuestas a construir un futuro igualitario... no tiene nombre la felicidad que puede generarte ver a esa persona que querés siendo él mismo, dejando el rechazo atrás, lleno de vida, proyectándose en un futuro en el que nada ni nadie pueda interferir en su decisión.
La raíz del problema
Luciana Segovia
Matrimonio Gay?
Cuando me preguntaron que opinaba de eso, lo único que conteste es…. “Que se yo?!”
Pero esa pregunta me hizo pensar posteriormente un montón de otras cosas que no necesariamente tienen que ver con esto.
Me puse a pensar en la raíz del problema: hay realmente un problema????
Dicen que el ser humano es el ser con mas capacidad de adaptación que existe en esta tierra. Ahora, cuando hablamos de adaptación hablamos de cambio, verdad?
Acaso el hombre no fue cambiando durante millones de años, tanto su cuerpo como en su mente?, sus ideales, sus valores?, sus conceptos sobre las cosas?
Acaso no seguimos cambiando? O la teoría de Darwin sobre la evolución es totalmente falsa? Cambiamos para adaptarnos? O nos adaptamos a los cambios… inevitables?
Todas esas preguntas y muchas mas me vinieron a la cabeza, pero solo una me quedó picando, sólo una me dio la pauta de que por fin podría existir una respuesta…Tenemos miedo de cambiar?
Pero! Como es posible temerle a algo que no deja de suceder! Es Inevitable! Miedo al cambio, claro! Eso explica los debates sobre el estar a favor o en contra de algo que por ahí ni nos compete, que nunca vivimos ni vamos a vivir o que sin tener todo el conocimiento sobre el tema nos atrevemos a opinar … pero nosotros opinamos igual…siempre opinamos… por miedo?. Como asegurándonos de que eso no nos va a pasar o mejor dicho, no queremos que nos pase. Te preguntaste que harías si te pasar a vos? Opinarías lo mismo?
Matrimonio gay… ahora, algunos nos atrevemos a estar en contra, pero el día de mañana, cuando tengamos un hijo que elija a su pareja y precisamente no sea la que esperabas, y la única forma de verlo feliz fuera realizado como persona y con su propia familia, seguramente lo apoyarías para que pudiera lograrlo.
Las opiniones sobre las cosas las vamos armando en nuestro intelecto gracias a las familias en las que nos formamos y posteriormente a las experiencias vividas, dentro de la cultura en las que nos toca vivir. Reitero, la cultura que nos TOCA vivir.
Una vez alguien me dijo que las leyes se van dictando a medida que la sociedad las va necesitando. La abolición de la esclavitud, el voto de la mujer, los sindicatos y millones de ejemplos que muestran distintas necesidades en diferentes momentos de nuestra historia. No sabíamos que podía pasar, pero nos arriesgamos. Siempre empezamos por una minoría, luchando por nuestros derechos, hasta que la ley los apoya.
Bien…Que es lo que nos hace pensar que este tema es diferente?
Como diría el Sr. McCartney, let it be…
Matrimonio Gay?
Cuando me preguntaron que opinaba de eso, lo único que conteste es…. “Que se yo?!”
Pero esa pregunta me hizo pensar posteriormente un montón de otras cosas que no necesariamente tienen que ver con esto.
Me puse a pensar en la raíz del problema: hay realmente un problema????
Dicen que el ser humano es el ser con mas capacidad de adaptación que existe en esta tierra. Ahora, cuando hablamos de adaptación hablamos de cambio, verdad?
Acaso el hombre no fue cambiando durante millones de años, tanto su cuerpo como en su mente?, sus ideales, sus valores?, sus conceptos sobre las cosas?
Acaso no seguimos cambiando? O la teoría de Darwin sobre la evolución es totalmente falsa? Cambiamos para adaptarnos? O nos adaptamos a los cambios… inevitables?
Todas esas preguntas y muchas mas me vinieron a la cabeza, pero solo una me quedó picando, sólo una me dio la pauta de que por fin podría existir una respuesta…Tenemos miedo de cambiar?
Pero! Como es posible temerle a algo que no deja de suceder! Es Inevitable! Miedo al cambio, claro! Eso explica los debates sobre el estar a favor o en contra de algo que por ahí ni nos compete, que nunca vivimos ni vamos a vivir o que sin tener todo el conocimiento sobre el tema nos atrevemos a opinar … pero nosotros opinamos igual…siempre opinamos… por miedo?. Como asegurándonos de que eso no nos va a pasar o mejor dicho, no queremos que nos pase. Te preguntaste que harías si te pasar a vos? Opinarías lo mismo?
Matrimonio gay… ahora, algunos nos atrevemos a estar en contra, pero el día de mañana, cuando tengamos un hijo que elija a su pareja y precisamente no sea la que esperabas, y la única forma de verlo feliz fuera realizado como persona y con su propia familia, seguramente lo apoyarías para que pudiera lograrlo.
Las opiniones sobre las cosas las vamos armando en nuestro intelecto gracias a las familias en las que nos formamos y posteriormente a las experiencias vividas, dentro de la cultura en las que nos toca vivir. Reitero, la cultura que nos TOCA vivir.
Una vez alguien me dijo que las leyes se van dictando a medida que la sociedad las va necesitando. La abolición de la esclavitud, el voto de la mujer, los sindicatos y millones de ejemplos que muestran distintas necesidades en diferentes momentos de nuestra historia. No sabíamos que podía pasar, pero nos arriesgamos. Siempre empezamos por una minoría, luchando por nuestros derechos, hasta que la ley los apoya.
Bien…Que es lo que nos hace pensar que este tema es diferente?
Como diría el Sr. McCartney, let it be…
Somos todos iguales...
Nadia kohl
“...pero algunos son más iguales que otros”
George Orwell, “Rebelión en la Granja”
De un tiempo muy largo a esta parte se ha aceptado como válida la idea de un tercero neutro, un árbitro habilitado para resolver los conflictos suscitados entre las personas. Dicho árbitro no sería nada más ni nada menos que el Estado. Es, entonces, que de aquello se desprende una obviedad: si es el único habilitado para mediar y resolver los problemas entre las personas -en cualquier forma que pudiesen presentarse- no puede, por ende, tener elemento alguno que determine que su voluntad se inclinará hacia un lado en particular simplemente. No sólo sería absurdo pensar en un Estado parcial, de respuestas preestablecidas, de resoluciones altísimamente previsibles, sino que ya entraríamos en el terreno del grotesco si éste mismo decide exhibir esas opciones que ha tomado gustoso y se pavonea lleno de orgullo de ellas ante la sociedad que podrá recibir alguna respuesta favorable siempre y cuando comparta su signo, su color No haría falta presentar más argumentos para que esta idea se desmorone como un castillo de naipes. Se puede ver acerca de esto el ejemplo más gráfico: el artículo 2de nuestra Constitución Nacional declara que el Estado sostendrá económicamente a la Iglesia Católica. No conformes con que la totalidad de los argentinos financien una institución a la que no todos pertenecen, también son uno de los principales grupos de presión que haya existido jamás. A su vez, esta Constitución también garantiza la igualdad de todos los habitantes, pero resulta que a las personas que deseen casarse con alguien del mismo sexo se les ha creado una institución de segunda, con otro nombre y de menor alcance puesto que muchos de nuestros señores representantes consideran que los homosexuales son "menos iguales" que el resto y, por lo tanto, les corresponde tener otra institución que los contenga. No la del matrimonio porque no es "natural". Quisiera, entonces, preguntarle a estos señores cuántas instituciones en la historia de la humanidad han permanecido igual desde su creación. Es más: ¿dirían que el hombre siempre ha sido el mismo?. El hombre y por ende las instituciones, que son de su creación, cambian a medida que éste lo hace para adaptarse a sus necesidades. Entonces -Rousseau se hubiera tomado la cabeza horrorizado- estos señores deciden darle la espalda a los reclamos de aquellos que claman por ser reconocidos como iguales puesto que lo son. Ponen por delante sus convicciones personas, sus creencias religiosas, íntimas y, no menos importante, la presión ejercida por la celestial corporación antes que la voluntad general. Y no temen ocultarlo, lo dicen a viva voz desde sus bancas.
La sanción de la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo ha demostrado una vez más que cada conquista, cada cambio estructural tandrá que ser arrancado por la gente porque la fuerza de la reacción es enorme y resiste en pos de proteger sus intereses, el statu quo. Celebramos esta ley reconociendo la incansable lucha de aquellos que la hicieron posible y esperamos que sea el primer paso a una sociedad donde todos seamos iguales. De verdad.
“...pero algunos son más iguales que otros”
George Orwell, “Rebelión en la Granja”
De un tiempo muy largo a esta parte se ha aceptado como válida la idea de un tercero neutro, un árbitro habilitado para resolver los conflictos suscitados entre las personas. Dicho árbitro no sería nada más ni nada menos que el Estado. Es, entonces, que de aquello se desprende una obviedad: si es el único habilitado para mediar y resolver los problemas entre las personas -en cualquier forma que pudiesen presentarse- no puede, por ende, tener elemento alguno que determine que su voluntad se inclinará hacia un lado en particular simplemente. No sólo sería absurdo pensar en un Estado parcial, de respuestas preestablecidas, de resoluciones altísimamente previsibles, sino que ya entraríamos en el terreno del grotesco si éste mismo decide exhibir esas opciones que ha tomado gustoso y se pavonea lleno de orgullo de ellas ante la sociedad que podrá recibir alguna respuesta favorable siempre y cuando comparta su signo, su color No haría falta presentar más argumentos para que esta idea se desmorone como un castillo de naipes. Se puede ver acerca de esto el ejemplo más gráfico: el artículo 2de nuestra Constitución Nacional declara que el Estado sostendrá económicamente a la Iglesia Católica. No conformes con que la totalidad de los argentinos financien una institución a la que no todos pertenecen, también son uno de los principales grupos de presión que haya existido jamás. A su vez, esta Constitución también garantiza la igualdad de todos los habitantes, pero resulta que a las personas que deseen casarse con alguien del mismo sexo se les ha creado una institución de segunda, con otro nombre y de menor alcance puesto que muchos de nuestros señores representantes consideran que los homosexuales son "menos iguales" que el resto y, por lo tanto, les corresponde tener otra institución que los contenga. No la del matrimonio porque no es "natural". Quisiera, entonces, preguntarle a estos señores cuántas instituciones en la historia de la humanidad han permanecido igual desde su creación. Es más: ¿dirían que el hombre siempre ha sido el mismo?. El hombre y por ende las instituciones, que son de su creación, cambian a medida que éste lo hace para adaptarse a sus necesidades. Entonces -Rousseau se hubiera tomado la cabeza horrorizado- estos señores deciden darle la espalda a los reclamos de aquellos que claman por ser reconocidos como iguales puesto que lo son. Ponen por delante sus convicciones personas, sus creencias religiosas, íntimas y, no menos importante, la presión ejercida por la celestial corporación antes que la voluntad general. Y no temen ocultarlo, lo dicen a viva voz desde sus bancas.
La sanción de la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo ha demostrado una vez más que cada conquista, cada cambio estructural tandrá que ser arrancado por la gente porque la fuerza de la reacción es enorme y resiste en pos de proteger sus intereses, el statu quo. Celebramos esta ley reconociendo la incansable lucha de aquellos que la hicieron posible y esperamos que sea el primer paso a una sociedad donde todos seamos iguales. De verdad.
Sobre la ley de matrimonio igualitario.
Angela Lerena
No tengo un amigo gay. No tengo un hijo, ni un hermano, ni un primo gay. Conozco muchos gays y, sinceramente, su sexualidad no me hace estimarlos más ni menos de lo que los estimo por sus características personales. Pero me siento obligada a dar mi opinión sobre la ley que se debatirá mañana en el Senado, porque no estamos hablando solamente de matrimonio igualitario, estamos hablando de la sociedad que queremos construir y -esa sí- es la sociedad en la que vivo, en la que vive mis hija, mis hermanos y mis amigos.
Estoy a favor de la inclusión. Considero que la sociedad es mejor cuanto más aprende a aceptar las diferencias, las particularidades, y a asimilarlas de la forma más armónica posible. Creo que, en una sociedad democrática, las minorías religiosas, sexuales, étnicas, deben ser consideradas e incluidas. Estoy convencida de que una sociedad que somete a las minorías, o a los débiles, o a las mujeres, o a los homosexuales, es una sociedad más pobre, más inhumana, más infeliz. Más enferma. Las enfermedades sociales son el fascismo, la xenofobia, el machismo, el antisemitismo; no aquello que una pareja de adultos librepensantes elige hacer en su intimidad.
Dicho esto, queda claro que apoyo el proyecto de ley que permitirá casarse a las personas del mismo sexo. Esta opinión no estaría completa si no intentara responder a los argumentos de quienes se oponen al matrimonio igualitario. Eso haré.
"El matrimonio gay atenta contra la familia".
El matrimonio igualitario no obligará a los heterosexuales a casarse con gays. El matrimonio igualitario no destruirá las familias heterosexuales; simplemente permitirá que aquellos que formarían una pareja homosexual sin los derechos civiles de quienes contraen matrimonio, puedan adquirir esos derechos. No se trata de otorgarles el permiso de tener sexo homosexual, o de amarse, o de vivir bajo el mismo techo. Al igual que los heterosexuales, los homosexuales no piden permiso para formar parejas. Se trata de proteger legalmente con la figura del matrimonio a aquellos ciudadanos que están desprotegidos porque el Código Civil no los contempla.
"La familia de mamá y papá es natural".
Cualquiera con básicos conocimientos de antropología, o un mínimo interés en otras culturas, sabe que esto no es cierto. La familia heterosexual monogámica es una construcción social: no existió en toda la historia del hombre, y ni siquiera existe actualmente en todo el mundo. Cualquier libro de antropología da cuenta de matriarcados, poligamia, familias tribales, y decenas de variantes para las organizaciones familiares. En la historia y, hoy todavía, en otras culturas. La familia heterosexual monogámica es una construcción moderna de occidente. Eso no le quita ni le asigna valor; simplemente no es “natural”, no es inherente a la raza humana.
"Dios condena la sodomía y reprueba la homosexualidad. Dios no quiere matrimonios gay".
Lamento que algunos se arroguen la representación de Dios pero supongo que, si es cierto que Jesús le asignó a Pedro la construcción de su Iglesia y la Iglesia es ésta con la que convivimos, técnicamente les corresponde. Ahora, la obediencia debida a la religión cristiana es una cuestión de los cristianos. Los judíos, ateos, musulmanes, budistas, o simplemente no religiosos, nos regimos por las leyes humanas. Esas que se deciden en el Congreso, a través de los representantes del pueblo. Nadie obliga a los sacerdotes a casar gays; las leyes civiles son prerrogativa del Estado, no de la Iglesia. Tan simple y, sin embargo, tan difícil de entender a veces. Hay Estados en los que la ley religiosa se equipara a la ley civil. Argentina no es uno de ellos.
"Los niños tienen derecho a una madre y a un padre".
¿Alguien supone que, a partir de la aprobación de esta ley, un niño que tenga madre y padre será privado de alguno de sus progenitores? No, ¿no? El uso de esta consigna para oponerse al matrimonio igualitario es –a mi juicio- claramente malintencionado. Los solteros pueden adoptar niños y, por lo tanto, mal que les pese a quienes temen que la homosexualidad sea contagiosa, los gays ya pueden adoptar. El asunto es darle unidad legal a las familias de gays con niños que ya existen, y un marco a las futuras. Está claro que los niños que se otorgan en adopción son niños abandonados, sin el cuidado, la protección y el amor de un progenitor. Esos niños ya existen, no los inventan ni los provocan los gays. Simplemente algunos les ofrecen el cuidado y el amor que les faltan. El Estado tiene mecanismos para evaluar la aptitud de los adoptantes; con que se apliquen sería suficiente. De todas maneras, la discusión sobre la adopción de niños es otra. Lo que se debatirá mañana es el matrimonio entre personas del mismo sexo, y cambiar los ejes de debate es embarrar la cancha.
"La Constitución/los pactos internacionales hablan de hombre y mujer cuando se refieren al matrimonio".
Los pactos incluidos en la Constitución tienen como objetivo ampliar derechos, no restringirlos. Acá, los juristas debaten –agrupados en marcados bandos religiosos vs laicos- sobre la letra, la interpretación y el espíritu de cada ley superior y cada pacto, buscando o derribando obstáculos para aprobar esta ley. Considero que es una discusión reduccionista, y que este debate la supera. Las leyes deben estar al servicio del hombre, y no al revés. Si la sociedad cambia, se modifica, avanza, la ley debe acompañar esos cambios. Los gays no se decretan ni se derogan por ley: los gays existen, están ahí, y están formando matrimonios de hecho, aunque reducidos en derechos.
La ley debe adaptarse a esa realidad, a las necesidades de una sociedad que - para crecer en calidad democrática- no puede excluir a las minorías sexuales. Si las leyes fueran inamovibles, la humanidad se regiría por leyes del Medioevo. Alguna vez, los tormentos físicos, la esclavitud, la inferioridad de los negros, las restricciones civiles para las mujeres, la deportación de anarquistas, fueron ley. Hoy ya no lo son. Las leyes se adaptaron a la sociedad, y no al revés. Por eso, el Congreso debe aprobar una ley que se adapte a la realidad de una sociedad que –afortunadamente, para todos aquellos que queremos lo mejor para nuestros hijos- ya no esconde a sus homosexuales.
No tengo un amigo gay. No tengo un hijo, ni un hermano, ni un primo gay. Conozco muchos gays y, sinceramente, su sexualidad no me hace estimarlos más ni menos de lo que los estimo por sus características personales. Pero me siento obligada a dar mi opinión sobre la ley que se debatirá mañana en el Senado, porque no estamos hablando solamente de matrimonio igualitario, estamos hablando de la sociedad que queremos construir y -esa sí- es la sociedad en la que vivo, en la que vive mis hija, mis hermanos y mis amigos.
Estoy a favor de la inclusión. Considero que la sociedad es mejor cuanto más aprende a aceptar las diferencias, las particularidades, y a asimilarlas de la forma más armónica posible. Creo que, en una sociedad democrática, las minorías religiosas, sexuales, étnicas, deben ser consideradas e incluidas. Estoy convencida de que una sociedad que somete a las minorías, o a los débiles, o a las mujeres, o a los homosexuales, es una sociedad más pobre, más inhumana, más infeliz. Más enferma. Las enfermedades sociales son el fascismo, la xenofobia, el machismo, el antisemitismo; no aquello que una pareja de adultos librepensantes elige hacer en su intimidad.
Dicho esto, queda claro que apoyo el proyecto de ley que permitirá casarse a las personas del mismo sexo. Esta opinión no estaría completa si no intentara responder a los argumentos de quienes se oponen al matrimonio igualitario. Eso haré.
"El matrimonio gay atenta contra la familia".
El matrimonio igualitario no obligará a los heterosexuales a casarse con gays. El matrimonio igualitario no destruirá las familias heterosexuales; simplemente permitirá que aquellos que formarían una pareja homosexual sin los derechos civiles de quienes contraen matrimonio, puedan adquirir esos derechos. No se trata de otorgarles el permiso de tener sexo homosexual, o de amarse, o de vivir bajo el mismo techo. Al igual que los heterosexuales, los homosexuales no piden permiso para formar parejas. Se trata de proteger legalmente con la figura del matrimonio a aquellos ciudadanos que están desprotegidos porque el Código Civil no los contempla.
"La familia de mamá y papá es natural".
Cualquiera con básicos conocimientos de antropología, o un mínimo interés en otras culturas, sabe que esto no es cierto. La familia heterosexual monogámica es una construcción social: no existió en toda la historia del hombre, y ni siquiera existe actualmente en todo el mundo. Cualquier libro de antropología da cuenta de matriarcados, poligamia, familias tribales, y decenas de variantes para las organizaciones familiares. En la historia y, hoy todavía, en otras culturas. La familia heterosexual monogámica es una construcción moderna de occidente. Eso no le quita ni le asigna valor; simplemente no es “natural”, no es inherente a la raza humana.
"Dios condena la sodomía y reprueba la homosexualidad. Dios no quiere matrimonios gay".
Lamento que algunos se arroguen la representación de Dios pero supongo que, si es cierto que Jesús le asignó a Pedro la construcción de su Iglesia y la Iglesia es ésta con la que convivimos, técnicamente les corresponde. Ahora, la obediencia debida a la religión cristiana es una cuestión de los cristianos. Los judíos, ateos, musulmanes, budistas, o simplemente no religiosos, nos regimos por las leyes humanas. Esas que se deciden en el Congreso, a través de los representantes del pueblo. Nadie obliga a los sacerdotes a casar gays; las leyes civiles son prerrogativa del Estado, no de la Iglesia. Tan simple y, sin embargo, tan difícil de entender a veces. Hay Estados en los que la ley religiosa se equipara a la ley civil. Argentina no es uno de ellos.
"Los niños tienen derecho a una madre y a un padre".
¿Alguien supone que, a partir de la aprobación de esta ley, un niño que tenga madre y padre será privado de alguno de sus progenitores? No, ¿no? El uso de esta consigna para oponerse al matrimonio igualitario es –a mi juicio- claramente malintencionado. Los solteros pueden adoptar niños y, por lo tanto, mal que les pese a quienes temen que la homosexualidad sea contagiosa, los gays ya pueden adoptar. El asunto es darle unidad legal a las familias de gays con niños que ya existen, y un marco a las futuras. Está claro que los niños que se otorgan en adopción son niños abandonados, sin el cuidado, la protección y el amor de un progenitor. Esos niños ya existen, no los inventan ni los provocan los gays. Simplemente algunos les ofrecen el cuidado y el amor que les faltan. El Estado tiene mecanismos para evaluar la aptitud de los adoptantes; con que se apliquen sería suficiente. De todas maneras, la discusión sobre la adopción de niños es otra. Lo que se debatirá mañana es el matrimonio entre personas del mismo sexo, y cambiar los ejes de debate es embarrar la cancha.
"La Constitución/los pactos internacionales hablan de hombre y mujer cuando se refieren al matrimonio".
Los pactos incluidos en la Constitución tienen como objetivo ampliar derechos, no restringirlos. Acá, los juristas debaten –agrupados en marcados bandos religiosos vs laicos- sobre la letra, la interpretación y el espíritu de cada ley superior y cada pacto, buscando o derribando obstáculos para aprobar esta ley. Considero que es una discusión reduccionista, y que este debate la supera. Las leyes deben estar al servicio del hombre, y no al revés. Si la sociedad cambia, se modifica, avanza, la ley debe acompañar esos cambios. Los gays no se decretan ni se derogan por ley: los gays existen, están ahí, y están formando matrimonios de hecho, aunque reducidos en derechos.
La ley debe adaptarse a esa realidad, a las necesidades de una sociedad que - para crecer en calidad democrática- no puede excluir a las minorías sexuales. Si las leyes fueran inamovibles, la humanidad se regiría por leyes del Medioevo. Alguna vez, los tormentos físicos, la esclavitud, la inferioridad de los negros, las restricciones civiles para las mujeres, la deportación de anarquistas, fueron ley. Hoy ya no lo son. Las leyes se adaptaron a la sociedad, y no al revés. Por eso, el Congreso debe aprobar una ley que se adapte a la realidad de una sociedad que –afortunadamente, para todos aquellos que queremos lo mejor para nuestros hijos- ya no esconde a sus homosexuales.
El tipo de familia no altera el producto.
Iara Compagnucci.
Existe desde siempre la intención del hombre por tratar de establecer qué y cómo. Qué amamos, a quién, cómo, y por qué amamos. Y existe desde siempre el amor, de hermanos, de padres, de amigos, de pareja, entre personas. De diferente y sexo del mismo sexo también.
Hay muchas formas de amor. Pero todas son eso: amor. Hace bien, es saludable y de una u otra manera, todos lo padecemos. No se puede evitar y es grandioso lo que es capaz de provocar.
Entonces, ¿Por qué no aceptarlo? Si aceptamos el amor entre un hombre y una mujer. ¿Por qué no aceptamos el amor entre dos hombres o entre dos mujeres?
Avanzar y empezar a hacer concretas las cosas que nos rodean es el paso para crecer. Como sociedad, como personas, como realistas y concientes que debemos ser con las situaciones que aun no resolvimos, pero están presentes. Y que a algunos, aunque sean minorías, o no, los modifica enormemente.
Quizás haya una lista de urgencias sociales a resolver, pero mientras que a algunas de ellas no es conveniente encontrarles la solución… ¿Por qué no resolver las que si se pueden? El matrimonio entre las personas del mismo sexo es un acercamiento al nivel de igualdad que todos necesitamos.
Ellos y ellas son gays, ellos y ellas son ciudadanos también. Y aman, sueñan, comparten y viven igual que los heterosexuales. Y también quieren los mismos derechos y prioridades.
Capaz de amor es cualquier persona. Sin importar su raza, sus creencias, sus condiciones socio-económicas, sus conocimientos o su orientación sexual.
Nada asegura que una pareja de gays forme una familia y que sus hijos resulten homosexuales. Y nada asegura que una familia formada por heteros, críen hijos heteros.
El amor, es amor. De madres y de padres. Pero amor al fin.
Un niño en pleno crecimiento, busca la figura faltante en alguna persona cercana. Como lo hacen los hijos de madres y padres solteros o viudos. Es amor lo que necesitan para crecer. Y no importa de que tipo. Amor de una mama y un papa, es igual al amor de dos mamas o de dos papas.
La comunidad homosexual es tan capaz de todo como la comunidad católica, la judía, la musulmana y como el resto del mundo.
Amor, solo eso necesita cualquier persona en formación. Sin ese prejuicio que nos imponen los mayores. Amor, sin condiciones. Quien se cría sin la teoría de que una pareja del mismo sexo es lo que esta mal, puede aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y quien se cría con ese ideario, puede vencerlo.
Igualdad. Es un poco de lo que nos falta.
Existe desde siempre la intención del hombre por tratar de establecer qué y cómo. Qué amamos, a quién, cómo, y por qué amamos. Y existe desde siempre el amor, de hermanos, de padres, de amigos, de pareja, entre personas. De diferente y sexo del mismo sexo también.
Hay muchas formas de amor. Pero todas son eso: amor. Hace bien, es saludable y de una u otra manera, todos lo padecemos. No se puede evitar y es grandioso lo que es capaz de provocar.
Entonces, ¿Por qué no aceptarlo? Si aceptamos el amor entre un hombre y una mujer. ¿Por qué no aceptamos el amor entre dos hombres o entre dos mujeres?
Avanzar y empezar a hacer concretas las cosas que nos rodean es el paso para crecer. Como sociedad, como personas, como realistas y concientes que debemos ser con las situaciones que aun no resolvimos, pero están presentes. Y que a algunos, aunque sean minorías, o no, los modifica enormemente.
Quizás haya una lista de urgencias sociales a resolver, pero mientras que a algunas de ellas no es conveniente encontrarles la solución… ¿Por qué no resolver las que si se pueden? El matrimonio entre las personas del mismo sexo es un acercamiento al nivel de igualdad que todos necesitamos.
Ellos y ellas son gays, ellos y ellas son ciudadanos también. Y aman, sueñan, comparten y viven igual que los heterosexuales. Y también quieren los mismos derechos y prioridades.
Capaz de amor es cualquier persona. Sin importar su raza, sus creencias, sus condiciones socio-económicas, sus conocimientos o su orientación sexual.
Nada asegura que una pareja de gays forme una familia y que sus hijos resulten homosexuales. Y nada asegura que una familia formada por heteros, críen hijos heteros.
El amor, es amor. De madres y de padres. Pero amor al fin.
Un niño en pleno crecimiento, busca la figura faltante en alguna persona cercana. Como lo hacen los hijos de madres y padres solteros o viudos. Es amor lo que necesitan para crecer. Y no importa de que tipo. Amor de una mama y un papa, es igual al amor de dos mamas o de dos papas.
La comunidad homosexual es tan capaz de todo como la comunidad católica, la judía, la musulmana y como el resto del mundo.
Amor, solo eso necesita cualquier persona en formación. Sin ese prejuicio que nos imponen los mayores. Amor, sin condiciones. Quien se cría sin la teoría de que una pareja del mismo sexo es lo que esta mal, puede aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y quien se cría con ese ideario, puede vencerlo.
Igualdad. Es un poco de lo que nos falta.
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