Tengo poco espacio para escribir. Eso quiere decir que hay mas chic@s participando y escribiendo y no hay nada mejor que pueda pasarle a este zine que eso. Asi que, como editorial, voy a invitarlos brevemente a imaginar un nuevo tipo de EDUCACIÓN. Una que se levante como proceso donde todos aprenden y enseñan; en una educación como conciencia libertadora; donde no haya oprimidos ni dominados, donde podamos descubrirnos y conquistarnos reflexivamente como sujetos dueños de nuestro destino, sin ya ser recipientes pasivos y sin opinión, ni dialogo y finalmente, en una educación como creación, donde podemos interpelar la realidad desmitificándola para así transformarla. Pensar en la educación como un proceso libertador de creación pura es pensarla como una practica emancipatoria y, a la vez, desnudar esta educación opresora. Cambiarla es el desafío e todos. Disfruten de los textos de l@s chic@s que están buenísimos y sigan escribiendo que Sembrar esta en pañales todavía.
“Aun la muerte es mas dulce que las ataduras de la ignorancia”Sathya Sai Baba.
Derribemos por un instante las paredes de la caja que encierra y estructura nuestro pensamiento y creamos durante esos segundos que no hay analfabeto ni ignorante alguno sobre la tierra. ¿Suena muy utópico? No sólo por el hecho de considerar que todos tengamos determinados conocimientos, sino también porque a muchos no les convendría que esto suceda.
El sistema educativo desde sus comienzos fue creado con un solo fin: el de moldear pensamientos y acciones de generaciones futuras en pos del beneficio de las clases altas. Modifica generaciones sin tener en cuenta que, a través de los diferentes mandatos, muchas veces el fin del sistema educativo fue mutando, contradiciéndose y generando que los educados sufrieran los errores de una enseñanza poco programada. Copiando modelos europeos, vemos y vivimos las falencias de estos cambios.
La educación es un derecho y una herramienta de cambio; también, un instrumento utilizado por el sistema político a cargo. Entonces nos encontramos con un paralelismo: lo impuesto por el sistema educativo y el cambio que el docente puede provocar en sus alumnos. Lo oficial y lo extraoficial. Pero hay algo que este sistema no contempla: el educador no siempre es controlado mientras desarrolla su tarea frente a la clase. Es en ese instante donde el rol docente comienza a tomar protagonismo.
Más allá de lo programático, el concepto de educación se desprende de un término del latín que hace referencia a guiar y conducir. Es tarea pura y exclusiva del docente guiar y conducir valores en sus alumnos. Es tarea pura y exclusiva del docente elegir desde qué lugar se desea enseñar. He ahí la herramienta principal de cambio de una sociedad.
Comencemos a tomar la educación en serio, no sólo desde incorporar conocimientos básicos y altamente necesarios para poder vivir en sociedad, sino también desde el lugar de comenzar a guiar a los futuros personajes sociales con conceptos y valores que harán el giro en el aspecto social.
Formar personas con el sentimiento de unidad, que derriben fronteras impuestas por antepasados, que logren llegar a poseer un conocimiento histórico que no les permita cometer los mismos errores de generaciones anteriores, que sientan y crean posible el progreso sin frustración alguna. Que sientan que lo bueno es posible que se dé en la sociedad que conforman.
Eliminemos esa moda que nos imponen que instala como principal mérito tener conocimientos ínfimos. Llevemos a esta humanidad al crecimiento cultural que tanto nos nutre como seres humanos. Y formemos multitud pensante, capaz de sacar conclusiones y opiniones propias.
Hagamos que el docente recobre esas ganas que lo incentivaron a enseñar y que transmita el esfuerzo y la lucha por el cambio. Que tomen confianza en sí mismos, sabiendo que el respeto por ellos sigue en pie. Que puedan verse como uno de los elementos de cambio más influyentes a nivel humanitario. Que la poca credibilidad y la resignación docente desaparezcan. Que vuelvan a tener la fe para poder hacer tangible una educación que funcione como principal elemento del sistema formador de autómatas capaces de generar cambios radicales.
Guiemos para que se comience a saber que es posible cumplir con lo establecido por el poder político, pero que también el mensaje implícito que las políticas educativas poseen pueden ser develados ante los aprendices y de esta manera ofrecer el camino alternativo. El camino del cambio.
Una profesora de secundario que se negaba a hablarnos del Che, un amigo que se alegraba por el decreto de un feriado en Marzo, un cuento para dormir sobre una aborigen americana enamorada de un conquistador español. Cosas que se me fueron clavando en la memoria cual espinas, y que me hicieron entender que los cambios no se dan solos, que hay que generarlos; y qué mejor motor de cambio que la educación.
Mariano Moreno decía que “Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía.”, y es desalentador ver como, a veces y sin quererlo, hoy terminamos siendo funcionales a ese tirano de turno. En medio de la lucha desesperada por recuperar su valor y dignidad, la escuela entra en un juego que la pone entre la espada y la pared: si no escuchan sus reclamos, hace paro; si hace paro, los chicos no tienen clase; si no tienen clase no se educan y aquel que no se educa, no es capaz de criticar aquello que está mal. Al mismo tiempo, esos que deberían velar por el bienestar de la educación nos acusan de villanos; cuando mientras ellos traman alianzas y mentiras, los docentes le ponemos el hombro a una lucha sin respuestas para garantizar las condiciones necesarias para desarrollar proyectos.
Es ahí donde surge un sin fin de preguntas… ¿Cómo dar clase en estas condiciones lamentables? ¿Cómo sostener paros activos por tiempo indeterminado? ¿Cómo enseñarles a los alumnos sobre valores y derechos que, una vez fuera del aula, son una utopia? ¿Cómo esperar algo de estos gobiernos sordomudos?
Al igual que yo, muchos elegimos la docencia en pos de un cambio social real, buscando evitar de todas las maneras posibles la reproducción de un sistema funcional a la clase dominante, a los intereses ajenos. La elegimos porque creemos que la única manera de lograr un verdadero giro en la historia es educando seres críticos, capaces de defender sus puntos de vista sin dejar de respetar los ajenos, de perseguir la verdad y la justicia. Es imperativo entonces que el reclamo educativo traspase fronteras y se unifique, se masifique y se haga escuchar; que haya una lucha conjunta por algo que es, en primerísima instancia, el derecho humano donde germinan las semillas del futuro.
Si realmente queremos cambiar las cosas, si esperamos del mañana una sociedad con igualdad, seguridad y justicia; deberíamos priorizar la educación publica; y sólo así podremos asistir a, como diría el Subcomandante, ese otro mundo posible.
Desde fines de febrero hasta diciembre se extienden los distintos ciclos lectivos de los diferentes niveles educativos en la Argentina, en todo el país. Pero también, desde fines de febrero hasta diciembre se extienden en todo el país los diferentes reclamos por el nivel salarial de los docentes, por infraestructura, por tener edificios con servicios básicos como gas para pasar el invierno, por la falta de ascensores (que al margen de ser una molestia, para quienes tienen su movilidad reducida es un obstáculo y, en definitiva, una forma silente de discriminación por omisión), por condiciones regulares de cursada y a veces directamente por la existencia de un salario docente, dado el enorme número de docentes que trabajan ad honorem en muchas universidades del país. Desde fines de febrero hasta diciembre, los reclamos relativos a la educación pública tienen el hilo conductor de la falta de presupuesto, reclamo primordial para poder luego atender otros, como el cuestionamiento de ciertas estructuras perimidas que siguen funcionando en el paradigma educativo, y fundamentalmente, el propio paradigma que busca formar al individuo como mercancía y dotarlo de valor agregado para salir a competir en el mercado de trabajo, siendo así funcional al sistema (causa y a su vez efecto) en lugar de buscar formar ciudadanos lo mas completos posibles. Pero cómo puede alguien cuestionar algo tan de fondo cuando las necesidades básicas y mas urgentes apremian? Cómo puede un educador mantenerse actualizado si, dado que necesita más de un empleo para vivir dignamente, no tiene el tiempo ni los recursos para hacerlo? El rol social de la educación ha sido desestimado y esencialmente negado en la Argentina desde hace varias décadas. Desde aquella infame Noche de los Bastones Largos, durante la dictadura de Onganía, donde se desalojaron facultades a punta de armas de fuego, se comenzó a investigar a docentes y alumnos y se aplicó una estricta censura sobre los programas de enseñanza hasta los programas de ahogo presupuestario que trajo el neoliberalismo, que a fin de cuentas no eran sino una censura encubierta, dado que falta de dinero equivale a falta de materiales, docentes correctamente capacitados, y alumnos con formaciones con baches irreparables. Todo muestra la desvalorización de la educación como un eje central de integración social en todos los ámbitos. De esta manera, los reclamos que se dan prácticamente como parte del ciclo lectivo tienen mucho más de fondo que aquello que los medios muestran. Así, la mejora de la situación presupuestaria es el puntapié inicial para una reforma mucho mas de fondo que se hace cada vez más necesaria conforme avanza la complejidad de la realidad y, consecuentemente, la necesidad de herramientas más complejas para comprenderla. Reclamar es defender el derecho a la educación. Negar a un pueblo la posibilidad de educarse es negar una de las herramientas esenciales de su libertad. Defender la educación pública es luchar por ser un poco más libres.
Desde muchos lugares escuchamos que la educación es un pilar fundamental para un país, pero… ¿Qué es la educación? ¿Qué es educar? ¿Para qué educamos o nos educamos? ¿Quiénes deben/pueden educarse? ¿Para qué modelo de país se educa? Las respuestas pueden ser variadas, pero lo cierto es que hay algunas que nos son inculcadas desde pequeños. Cuando en la escuela primaria cada 11 de septiembre rememoran a Sarmiento –imagen que no faltadentro del grupo de los próceresdestacados de nuestra historia- cuentan que fue el padre de la educación, quien decía “Hay que educar al soberano”. Sin embargo, lo que no cuentan es como continuaba esa frase: “para que no vote al tirano.” “El tirano”eran quienes pensaban un país plural y disentían con la visión centralista y europeísta de Sarmiento.
Lo antedicho expresa una característica fundamental de la educación, a saber, que es política en sí misma; toda intención de educar tiene una intención político-ideológica detrás. Justamente, el problema es a qué intención responde. En este sentido, el educar implica debate, discusión y diferentes pensamientos. Y de aquí se desprende otro aspecto fundamental. La educación no es una simple transmisiónde un conocimiento desde el profesor-que-sabe al alumno-tabla rasa; el aprendizaje -como resultado esperado de la enseñanza- no es una respuesta mecánica ante un estímulo. Lo que hay (o lo que debería haber) en esta actividad es una relación dialéctica entre el docente y el estudiante, mediada por un saber, en la que ambos actores tienen un papel activo.
De ese modo, es necesario pensar qué rol cumple el docente. Si bien muchas veces las condiciones presionan para que funcione como una máquina, no lo es. Su importancia radica en otorgar las herramientas necesarias para que el alumno pueda construir algo con el conocimiento, aprenda a pensar ese conocimiento. Sin embargo, las condiciones políticas, económicas y sociales hacen que esa situación ideal encuentre obstáculos por todos lados. Obstáculos en las escuelas sin agua, sin gas en invierno, sin los materiales y tecnologías básicas, situación bien conocida. Pero la peor ausencia en las aulas es la que se da como consecuencia de esas trabas, la ausencia de los mismos chicos y docentes. Chicos que deben trabajar, que no poseen los elementos básicos para asistir, que no tiene apoyo familiar y social respecto de la importancia de la educación; docentes ad-honorem o con un sueldo mínimo que se ven obligados a pasar sus horas en la calle para luchar por lamejora de su situación. Un círculo vicioso.
Luchar. En tanto política, la educación implica lucha constante contra ese círculo vicioso que no es para nada inocente, si no que responde a intereses específicos que se contradicen con un pueblo realmente educado. El verdadero “padre del aula” es cada docente que día a día pone su granito de arena para lograr que esa situación ideal se haga realidad y que, así, la población pueda educarse no solamente para no votar a un tirano, sino para que pueda construir una sociedad más justa.
“Por ver grande a la Patria tu luchaste con la espada, con la pluma y la palabra” dice el himno al que llaman padre de la educación, patria y educación en las que no cabían los pueblos originarios ni los gauchos, “barbarie” contra la cual Sarmiento luchó con la espada, la pluma y la palabra. Sarmiento no está presente, pero sí quienes siguen teniendo el interés en que solamente algunos “civilizados” puedan educarse.
Estamos frente a una cada vez mayor subordinación del trabajo al dinero a escala mundial. El capitalismo se extiende y se profundiza en la sociedad, en sus relaciones, en sus estructuras. De esta manera, se subordinan más aspectos de la sociedad y de la vida cotidiana a la producción. Se podría entender como el pasaje de una sociedad con mercado a una sociedad de mercado. Éste es el escenario donde nos movemos y es una premisa básica para entender la reestructuración de la educación en Argentina y particularmente en la Universidad, espacio donde más se desarrolla y profundiza. No muy distinto es el caso de la escuela, donde se impulsa el primer “vaciamiento” ideológico y político de los sujetos. Los estudiantes salen de ella por una línea de ensamblaje al mejor estilo línea de producción, pero esta vez de producción de sujetos; sujetos conformistas, individualistas, poco críticos, poco cuestionadores, presas fáciles del mercado y, sobre todas las cosas, perpetuadores de este sistema que mata a los que margina y a los que explota los asesina poco a poco. Podemos citar miles de casos de este vaciamiento ideológico carente de crítica constructiva. Lo vemos en las materias sociales como Formación Ética y Ciudadana, donde nos enseñan que la democracia es ir a votar cada 4 años que personaje de la clase dominante nos va a gobernar, sin cuestionarse si ésta es la única o la mejor forma de llevar a cabo un sistema gubernamental. También lo vemos en Historia, donde la historia oficial (escrita en masculino, en singular y con la mano derecha) reza heroicas batallas y logros del liberalismo; lo vemos en Filosofía, con el pensamiento único. En una palabra, nos intentan ocultar todo desarrollo ideológico crítico alternativo y propio. Sin dinosaurios históricos, sin próceres educativos reaccionarios. Aprendiendo y conociendo a quienes lucharon en las calles en los 70 y por que razón, aprendiendo quienes son los oprimidos, los explotados, los marginados del sistema, quienes son en realidad los dueños de este país, sabiendo que la burguesía y los capitalistas son en realidad la clase dominante, mientras otra clase, que es la mayoría, sostiene sus caprichos y sus lujos. Ni hablar de las escuelas con formación eclesiástica, donde el dogma cristiano es enseñado a rajatabla y sin miramientos (cualquier similitud con la inquisición no es coincidencia). El despojo de los conocimientos críticos y el vaciamiento ideológico sigue en la universidad, donde se siguen aplicando la LES y las reformas de la CONEAU, aquellas cosas que el gobierno de Menem nos dejó. Leyes totalmente violadoras de los principios elementales de la educación universitaria como la universidad autónoma, pública y gratuita; que impulsan un modelo elitista, restrictivo, filo fascista que responde a los intereses del mercado y la clase dominante, que excluye de estos lugares de enseñanza a los trabajadores y a los sectores mas perjudicados de la sociedad.
Así las cosas, asistimos a un banquete de la burguesía, donde nos bajan una línea sistemática e ideológica determinada que responde a sus intereses, los intereses del mercado y los grandes grupos económicos. El vaciamiento, la falta de crítica y de pensamiento genuino hace a un pueblo fácil de dominar. Fomentando intereses impropios de las masas la TV y los medios masivos de comunicación legitiman y perpetúan un modelo económico basado en la explotación. También cumple su rol la escuela y la universidad, (de)formando y perpetuando a esta clase dominante en el poder por medio de sus instituciones estatales.
Por esto y por muchas cosas más, es importante el cuestionamiento, la critica, la ruptura con la apatía ideológica y el escape de la política. Es importante la organización, la lucha por una educación más digna más real, que no sea un juguete del mercado, con mejor preparación y formación, que responda a los intereses del pueblo.
En estos días se ve, frecuentemente, a través de los medios de comunicación una puesta en escena con eje principal en la violencia generada en los diversos institutos educativos, protagonizadas por los alumnos, caracterizándolos como el mal a combatir (aplicando diversas medidas de sanción para su corrección). Esto lleva a olvidarnos que el chico/adolescente (como cualquier otro individuo)es un ser que vive en sociedad y por ende forma parte de la misma, y su acción se ve fuertemente ligada a todos aquellos factores que lo rodean como “ser” social. Si vivimos en una sociedad que privilegia la violencia como forma de coerción y poder, sucederá que estos valores serán los que aprendan los individuos en su socialización, el estado para reflejarse como tal recurre a el monopolio de la fuerza; esto significa que, para hacerse respetar, el estado demarca su capacidad como estado-nación a través de la fuerza bruta, ya sea la policía o los grupos militares y de choque quienes ejerzan esta función. También nos olvidamos que en sí la institución educativa tiene como función la reproducción de los valores de la cultura dominante, cultura caracterizada en la actualidad por generar seres individualistas, que persiguen su propio bienestar sin importar si se afecta al otro en la búsqueda del mismo, la misma cultura que tiene como marca registrada la competencia (la cual se ve reflejada en todos los aspectos de la vida cotidiana), la misma que se ve invadida por la idea de la posesión material como búsqueda final de la felicidad, siendo el capital aquel que separe y excluya, sustentándose en la acumulación de riquezas.
Muchos pueden decir que en la escuela esto no sucede, y que en realidad los alumnos estántodos sobre una misma base, en la cual se los representacomo una tabla rasa dondelos educadores sólo deben de empezar a llenar de contenidos, en donde el que es reprobado es por que no estudia, o el que no aprende es por que no le interesa aprender o en donde el que tiene malas notas no se ha esforzado lo suficiente. Esta mirada funcionalista del problema demostró estar errada con el paso del tiempo y aun más hoy en día, que este tema es primera plana en noticieros y diarios.
Los alumnos al ingresar a la escuela en realidad ingresan con un cierto grado de capital cultural y, como dije previamente, el capital es el encargado de separar y excluir y en este caso no deja de ser la excepción. El capital cultural que posea el educado se ve en la posibilidad del mismo de acceder a las herramientas de la educación: es mucho más difícil que un chico de clase baja tenga acceso al capital cultural que tiene un chico de clase alta. Ahora olvidemos por un segundo lo que acabo de decir, retomemos la idea de la escuela y los alumnos como tabla rasa: esta idea es errónea, ya que en un aula al ingresar el educado no ingresa sin capital cultural, aún viniendo que de un mismo estrato social, todos poseen diferentes capitales culturales y la escuela premia y ataca dependiendo del capital cultural que se posea. Por ende decimos que la escuela rige bajo un sistema meritocratico: se premia al que realiza un mayor mérito y se castiga aquel que posea un menor rendimiento, generando así exclusión y rechazo a aquel que posee un capital cultural menor al requerido para avanzar en el sistema. Aquellos que no satisfacen las medidas impuestas por el sistema educativo son dejados de lado por el mismo, condenándolos al fracaso y generando una sensación de inferioridad en estos nuevos excluidos del sistema educativo. Con el paso del tiempo el educado pierde interés, lo cual lo lleva en muchos casos a llegar a terminar sus estudios con dificultades o a terminar siendo un explotado (en mayor o menor medida) del mundo empresarial sólo por no tener los estudios suficientes que el sistema requiere. Por otro lado esta competencia entre los alumnos genera diferencias, las cuales en una sociedad regida por la violencia conlleva a que la forma de expresarse de aquellos que el sistema educativo dejó de lado sea a través de la violencia. La estructura de la clase dominante y los valores de la misma sustentado por los medios de comunicación masivos logran que la violencia sea la forma de expresión. Mientras tanto, se pierde foco en el problema educacional que lleva a la competencia y exclusión de los educados generando la violencia como única forma de escape y acrecentando su despreocupación por ser libres. Contentándose con lo que se enseña sin ir más allá, sin buscar la verdad y la libertad, ya que para esta altura el sistema los ha excluidos y creado una falsa imagen de lo que es aprender realmente y sin enseñarles realmente que un libro está al alcance de todos.
Por todo esto, no creo que el problema sean en sí los alumnos y su falta de respeto por el profesor; sino que el problema viene de una estructura mayor, la cual lleva a los individuos de actuar de cierta forma, en este caso violenta, por un estado que sustenta su poder a través de la violencia; y, al mismo tiempo, quedando en evidencia el mal funcionamiento del sistema meritocratico de la escuela, que conlleva a los conflictos, la exclusión y la perdida de la necesidad de ser libres. La escuela del sistema capitalista debe de replantearse, y buscar otra forma de educar, pero para esto se requiere un cambio estructural general y social.